9 abr. 2008

Pobrecitos


Coincidiendo con el comienzo de la gran feria inmobiliaria de Madrid, SIMA, las inmobiliarias parece que están entonando el "mea culpa" por la crisis del sector, reconociendo que subieron en exceso los precios y que "han expulsado a los consumidores del mercado". ¿Y eso qué nos arregla?
Veamos, lo que sucede es que le ven las orejas al lobo, y si la gente no compra ellos están jodidos. Piden créditos a muy corto plazo y si la cosa no va bien no los pueden devolver ni de broma. Pero los muy avariciosos no rebajan aún demasiado las viviendas. Hacen ofertas estúpidas como regalar un coche (de sobra incluido en el precio desde hace años) o viajes a Cancún. ¿Pero de qué van?
Señores, queremos un precio realista, no inflado, y métanse sus regalitos por donde les quepa.
Lo que sí es una lástima es toda esa gente que se está quedando sin trabajo por todo esto, pero se veía venir desde hace tiempo.
Todo esto ha sido permitido no sólo por los especuladores inmobiliarios (incluido el manueliño de turno que infla el precio de su vivienda y encima te pide un tanto en B, no solo los grandes) sino también por los políticos, que han hecho lo que les ha dado la gana con el suelo de todos. Todos estos años se han llenado la boca con el crecimiento económico, como si eso nos diera de comer por sí solo, y al final se ha visto como todo era ficticio.
Qué penita me dan...

3 comentarios:

  1. Anónimo9/4/08 23:12

    No puedo estar más de acuerdo con lo expuesto. Esperemos que esto se solucione pronto por la cuenta que nos trae a todos.

    Saludos. Antwan.

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  2. Lo malo es que no tiene mucha pinta de ir a mejor, y los gobiernos pasan de largo del tema. Pero bueno, el tiempo dirá, si la gente no puede comprar más les vale bajar los precios realmente, y dejarse de ofertas y regalos estúpidos.

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  3. Lo malo es que la mayoría de las constructoras y promotoras son SL. Es decir, sociedades de responsabilidad limitada: los socios no responden con su patrimonio de las deudas generadas.

    En otras palabras: en los años buenos se han forrado. Y ahora que pintan bastos, echan el cierre y se quedan con sus milloncetes (aquí o en paraísos fiscales).

    Y el obrero, a la calle.

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