3 oct 2011

España, una nueva colonia en un mundo en quiebra

Me ha parecido muy interesante este artículo de Rebelion.org, así que lo cito aquí por si a algún lector de este blog le pueda interesar:

Desde comienzos de la Edad Moderna y el capitalismo mercantil, España o el Estado español, se caracterizó por tener siempre una doble vertiente dentro del sistema mundial, en tanto agente colonizador y colonizado . Por ejemplo, en los tiempos de la colonización salvaje de los pueblos de América Latina, mientras mercenarios, proscritos, funcionarios del la Iglesia católica y aventureros con sed de riquezas colaboraban mayoritariamente en la explotación de esos pueblos, trayendo enormes cantidades de plata para la Monarquía y sometiendo a la población indígena, el pueblo español peninsular pasaba hambre y la mayor parte del mismo estaba sumido en la más absoluta de las miserias. Además, un 90% de los metales valiosos expoliados a los pueblos originarios americanos pasaban por los puertos españoles, pero iban directamente a las manos de los banqueros alemanes (¿les suena la historia?), ingleses o italianos, íntimos amigos de “insignes” monarcas como Carlos I de España ( y V del Sacro Imperio Romano Germánico). El caso es que, en la actualidad, en los tiempos del “capital-imperialismo” (Fontes) o el capitalismo de “acumulación flexible” (Harvey), esa doble naturaleza entre colonizador y colonizado del Reino español está inclinándose con mucha fuerza hacia la segunda. Y así España desciende en la jerarquía del sistema mundial capitalista. En el presente artículo trataré de explicar el porqué, el significado de este hundimiento a corto-medio plazo y las posibilidades que tienen las gentes normales de este país para decidir su futuro en libertad.

En nuestros días, el sistema económico mundial con rumbo decidido a su despeñadero (y el de muchos de nosotros), está produciendo notorios reordenamientos en los (des) equilibrios internacionales del sistema político interestatal. Por ejemplo, estados otrora poderosos como Estados Unidos o Alemania están perdiendo importantes cuotas de gestión de la plusvalía mundial, mientras que países con poblaciones ingentes como India o China están recogiendo esa parte de la riqueza social expropiada e incluso acentuando más su extracción y velocidad de reconversión en capital (Dinero-Mercancía-Dinero). Este capital es fruto de la explotación de los trabajadores de todo el mundo, especialmente la de aquellos que se encuentran por debajo del salario medio mundial. Esta situación produce que países de la periferia del antiguo centro de acumulación, como España, Grecia e Irlanda o incluso del propio centro del sistema como Reino Unido, Italia y Francia tengan que estar destruyendo a velocidad de crucero los derechos de “sus” trabajadores (“abaratamiento de la fuerza de trabajo” en términos marxistas), ya que el botín imperialista que queda para repartir en forma de migajas entre “su” mano de obra, proveniente del latrocinio internacional-capitalista de otros trabajadores más desafortunados, se ha reducido considerablemente. Mientras tanto, los gobiernos títeres de los banqueros de Estados Unidos y Alemania (Obama y Merkel) critican el endeudamiento y exigen sacrificios a los estados más débiles en nombre de los “mercados” (los mismos capitalistas que les dictan sus políticas “nacionales” y controlan las agencias de rating), mientras ellos mantienen los endeudamientos públicos más altos de todos los gigantes de la OCDE (a excepción de Japón) y de gran parte de la Eurozona respectivamente.
Por su parte, las clases dirigentes con DNI español, esencialmente subsidiarias del reparto imperialista del mundo, juegan a que sus “mayores” burgueses foráneos les dejen conservar un porcentaje del reparto del pastel mundial en zonas ligadas histórica y culturalmente al Reino, como es el caso de la ya citada Lationamérica. Todo ello a cambio del abaratamiento de la mano de obra residente en España (“déjame que les venda y te preparo a los míos para que su señoría les explote mejor”). De este modo, la reducción del mercado interno español (a más recortes de salario, menos consumo y puestos de trabajo), será compensada por estos grandes banqueros-empresarios “españoles” mediante su consolidación en los mercados extranjeros. Como el mismo Cristóbal Montoro. Coordinador Económico del Partido Popular y ex-Ministro de Hacienda (2000/2004), afirmaba recientemente en una entrevista (con una intención radicalmente diferente a la mía), en 1996 sólo un 6% de las inversiones empresariales españolas se producían fuera del mercado interno; mientras que en la actualidad, el porcentaje invertido en el extranjero ha crecido hasta casi el 47%. Moraleja: los grandes banqueros y empresarios, el gobierno central y el resto de élite española verdaderamente codirigente, esto es, el conjunto de los virreyes de Estados Unidos y Alemania en la Península (léase mayoría de la élite del PPSOE y acólitos junto a un largo etcétera de cargos claves del Estado), se encuentran todos ellos perfectamente dispuestos a destruir a la mayor parte de la clase trabajadora residente en España en tanto consumidora. No importa en este caso si son legales o ilegales, “nacionales” o residentes. A cambio, estos asalariados, antes parte potencial del mercado, serán transformados en mano de obra barata para un comercio destinado paulatinamente a la exportación. Venta exterior, a precios competitivos, que se dirigirá a otros países con mayores segmentos (cuantitativos) de población con poder adquisitivo (Alemania, China, India, Brasil, etc). Para conseguir esto, los politicastros del sistema profundizarán el camino que ya viene implementando el gobierno de polarización social: destrucción de las garantías laborales, enterramiento definitivo de los sindicatos reformistas de la era keneysiana-fordista (UGT y CCOO, 1945/1973 respectivamente), bajadas de impuestos a las rentas del capital, privatización de todas las instituciones públicas que sirvan para redistribuir la riqueza o garantizar ciertos derechos ciudadanos , etc. Ese papel de presto ejecutor está siendo interpretado por el PSOE, pero en breve continuará por el PP, ambos extremos diferentemente coloreados del mismo rodillo capitalista.
Si bien en la presente partida internacional por el reparto del mundo, a gran parte del pueblo español le ha tocado cartas marcadas realmente malas, otros pueblos de países “emergentes” como Brasil, China o India, no las tienen, ni mucho menos, todas consigo. No será simplemente darle la vuelta a la tortilla y que el mal llamado “Sur” pase a ser el “Norte”. Será mucho más y todavía peor. Según el analista Minqi Li, el despegue de China e India hasta adquirir el papel de potencias dirigentes puede traer contradicciones irresolubles para el sistema en su conjunto que podrían afectar a las clases populares de estos países en ascenso. Con sus incomparables poblaciones, (casi el 40% del total mundial), bajo patrones capitalistas de consumo, estos gigantes asiáticos producirían un recambio en el predominio capitalista que podría significar la acentuación hasta la asfixia de las contradicciones inherentes al sistema, aquellas que Marx/Engels ya vaticinaron como insuperables a largo plazo (para nosotros, corto-medio). ¿Por qué? Porque los límites ecológico-materiales de la Tierra, la producción capitalista y la aritmética del reparto de la tasa de plusvalía mundial en declive no dan más de sí. Sirva de ejemplo el advertir que, si grandes mayorías de la población de China e India consiguen un consumo (de despilfarro) parecido al de Estados Unidos o cualquier otra zona “rica” de Europa o Asia, gran parte del resto del mundo permanecerá directamente a oscuras, sin agua y con carestía estructural de alimentos. Y el citado es sólo un punto de los variados límites de la economía real y el mundo tangible donde el capitalismo de ficción se desarrolla a costa de destruir el suelo sobre el que pisa (y cree levitar). Todo este escenario de pesadilla, por supuesto, lo pronosticamos bajo reglas de producción y distribución capitalista. Otro gallo cantaría de conseguir reemplazar el sistema por uno verdaderamente democrático donde la riqueza fuera poseída y gestionada colectivamente (socialismo democrático).
Tan descarado es todo este escenario dantesco, que el sentido común de mucha gente, hasta ayer mismo autoconsiderada “apolítica”, se transforma en el “buen sentido” gramsciano, entendiendo, al menos, dónde están los enemigos principales de las mayorías (los bancos, el capital financiero, los políticos plegados a sus dictámenes, etc) Y si bien queda trecho por recorrer para que las mayorías trabajadoras comprendan las conexiones económico-politico-culturales esenciales de la totalidad sistémica (Lukács) y propongan alternativas con probabilidades históricas de éxito; el aprendizaje en la calle, en los centros de trabajo y estudio, converge y se vislumbra acelerado.
La solución a todo este tinglado, a este escenario de humana y descarnada desesperación, es por una parte sencilla, desde el punto de vista teórico; y por otra, dramática, desde el punto de vista práctico. La solución es bien simple de formular: la revolución mundial combinada de la mayoría de clases populares de todo el sistema internacional. Una revolución que instale un sistema realmente democrático de gestión colectiva de los recursos que permita desarrollar un mundo en paz, respeto y libertad. Cuanto más internacional y sincrónica sea esta revolución, esto es, cuanto más pueblos del mundo la secunden al mismo tiempo, más posibilidades de éxito tendrá para destruir el capitalismo y substituirlo por un sistema político-económico basado en la justicia y la solidaridad que coloque al ser humano como eje de su organización, producción y decurso. El dramatismo de la práctica vendrá de la mano de los grandes sacrificios que no pocos individuos de las clases populares tendrán que hacer para conseguir este fin, debido a que la oligarquía capitalista internacional no se quedará de brazos cruzados viéndolas venir, esperando que le “quiten” lo que considera “suyo” (esperando “la expropiación de los expropiadores”). Lamentablemente, como el pasado (y el presente) demuestran, es seguro que esta mayoritariamente podrida casta dirigente, antes de desaparecer estructuralmente de la Historia, dejará numerosos muertos, heridos y carestía regados por las sendas del mundo. Entonces...¿alguna otra opción?, ¿algo menos “utópico”?, ¿más sencillo? Sí, por supuesto, mucho más: quedarnos de brazos cruzados esperando en casa a que un buen día vengan a cortarnos la cabeza. Eso sí, con los mejores modales y apelando a los sacrificios en pro del inédito “espíritu nacional”. Esperando, paciente y resignadamente, que sigan segando de futuros nuestros mañanas y el de nuestros hijos, sacrificando todos nuestros derechos en nombre de sus privados beneficios en la imposible carrera que libran contra la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Esperando a que la tormenta no sea tan mala, aguardando a que “ESTO SE/LO arregle(n)” (¿quién?, ¿el Espíritu Santo?, ¿o los mismos que nos metieron en el agujero?). Esperando, en definitiva, a que vuelva un pasado que jamás podrá tornar por imposibilidad material. Pero está claro, y sería hipócrita no admitirlo, que hay otra solución más fácil: huir. Emigrar como salida de emergencia. Pero quien emigre por huida y no por amor (a los demás, a su trabajo o a otras tierras) se encontrará con un final aciago donde volverá a toparse con la hidra de las mil cabezas. Porque, ¿cómo huir de algo que es omnipresente como el capitalismo? Por supuesto, se pueden encontrar zonas de menor inseguridad personal transitoria, pero al final, el enfrentamiento con el sistema en su multiplicidad de formas, en este momento histórico, se nos antoja prácticamente inevitable.
Conclusión: sonó el despertador de la Historia. Se acabo la hora de esperar, es tiempo de actuar. Y el 15 de octubre es una buena fecha para fortalecer nuestra lucha mundial y desarrollar nuestra revolución basada en el pacifismo y el calor de los pueblos llamados humanidad . Coged fuerzas, ánimo, buena suerte y mucha solidaridad. La historia sopla a nuestro favor y los pájaros de la vida y de la muerte, con su asimétrico canto matutino, ya vienen despertando a los adormecidos.
Nos vemos en las calles.
Jon Juanma es el seudónimo artístico/activista de Jon E. Illescas Martínez.
Este artículo fue finalizado el 1 de octubre de 2011. Está registrado bajo licencia Creative Commons y es gratuita y libremente reproducible en cualquier medio siempre que se cite la autoría, se respete la integridad y el formato del mismo, a la par que no se persigan fines con ánimo de lucro.

2 comentarios:

  1. Disculpa que venga a otra cosa. Me acordé de ti leyendo un artículo del "telepredicador de Apple" (como le suelo llamar despectivamente) y te lo quiero recomendar.
    Creo que te gustará
    http://www.bitsrojiverdes.org/wordpress/?p=6093

    Salud

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  2. Tú aquí puedes venir con lo que quieras ;)

    Pues no está mal, la verdad. Así como odio los fanatismos que hay en la red (peleas estúpidas entre linuxeros, maqueros, windowseros, androideros...) posts como ese me parecen hasta tiernos, en el sentido de que recuerdan una época muy diferente de la actual, y que si comprendes ves por qué mucha gente ve a Apple como una empresa distinta. Eso sí, no deja de ser una empresa (y nada más, para lo bueno y lo malo.)

    Sé lo críticos que sois con la marca, y lo entiendo en algunos aspectos, pero yo me desmarco bastante de eso, porque no me parece uno de los temas más interesantes para discutir y enriquecerse.

    Si tuviera que elegir como propio un párrafo del post que enlazas, sería éste:

    "Reconozco que no es fácil para alguien que se sentía a gusto siendo diferente dentro de la aldea gala formar parte de las legiones de las manzanas que ahora lo invaden todo. Hace unos pocos años estuve tentado a migrar a Linux por convicción ideológica y militancia política, por pura y simple coherencia personal. [...] Sin embargo, finalmente desistí de hacerlo y asumirlo como una contradicción personal —una más— con la que vivir [...]"

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